C/ Duquesa de Parcent, 12, 29001 Málaga
952 21 65 92
info@jmgaleria.com

PINTAR ESCRIBIR MOSTRAR – Nota de prensa

      Pintar escribir mostrar
      JOSÉ MANUEL CABRA DE LUNA

       Del 23 de junio al 20 de octubre de 2023

PINTAR, ESCRIBIR, HABITAR EL MISTERIO.

Muchas veces me he preguntado por qué a las imágenes de una exposición de pintura o escultura suele precederle un texto. De la obra de arte plástica poco pueden decir las palabras; son dos mundos tan distintos que cada vez más pienso que éstas son insuficientes; el lenguaje de las palabras, aun teniendo su propio misterio, no puede ayudarnos mucho cuando nos hallamos contemplando una pintura o una escultura. Son dos planos del conocer absolutamente diferentes. Es muy distinta la emoción que puede producirnos un texto literario, que la que nos proporciona una forma o un color (que en pintura es otro modo, más sutil, de la forma). No es que sean incompatibles palabra y forma/color, es que viven en dos mundos ajenos el uno del otro.

Y aún así ¿por qué acudimos a las palabras para acompañar estas imágenes? Porque no tenemos más remedio que usarlas para establecer una comunicación básica y mínimamente objetiva; es decir, que sirva para todos. Y es que, como alguien escribió, “la palabra es el territorio común”. En cambio, el lenguaje de la plástica llega a cada uno individualmente, de forma singular e intransferible y, ante la imposibilidad de comunicar nuestra percepción al otro -cualquiera sea- acudimos humildemente al lenguaje común de las palabras por limitado que pueda ser. No para explicar lo que la obra de arte plástica nos evoca y transmite, sino para poner al lector / espectador en situación, para trasladarlo a un estado de ánimo que le ayude a oír el silencio que esa obra desprende y le propone. Por eso escribimos estos textos que acompañan a las imágenes.

Podríamos mirar los cuadros sin necesidad de estas palabras, es cierto; pero nos disponemos mejor para contemplarlos si nos asentamos en ese espacio de homogeneidad que es el lenguaje escrito. Ya sabemos –lo hemos dicho más arriba- de la insuficiencia de éste e incluso de la contradicción que encierra el hablar de lo inefable, de lo opuesto que es al necesario silencio y, sin embargo, no podemos habitar el silencio si antes no lo hemos nombrado, es decir, le hemos dado vida.

Porque leer no es hablar y contemplar es mucho más que ver, vivir en el silencio nos conduce a un punto en el que la pintura y la escritura convergen. Y no es que se fusionen, es que pueden llegar a complementarse porque en ambas se está manifestando un misterio y es en ese desconocido (y de alguna manera inaprehensible) territorio de lo misterioso en el que un color, una forma, pueden verse iluminados por la palabra y viceversa. Lo cual nos lleva a poder afirmar que sólo en la clara noche del misterio nos será dado aunar estas dos actividades.

Poco nos ha de servir la razón para ello y mucho menos lo razonable. Debemos superar aquella para poder acceder a ese alto grado del sentir y del conocer a que la realidad transida de misterio nos lleva. Si la creación es una fulguración de la razón trascendida, una situación de hiperrazón, acceder a su fruto ha de estar también conectado con eso. Y por ello, el texto que acompañe a las imágenes no nos servirá tanto si es discursivamente didáctico, como si ha sido capaz de generar en su seno nuevas vías de aproximación a la verdad condensada que toda obra de arte es; adentrándose en esa acumulación de autenticidad y verdad que la sustenta.


Fue Hans-Georg Gadamer quien afirmó que el arte es, ante todo, una experiencia de la verdad y del ser, llegando incluso a hablar de que en el arte hay un aumento de ser porque “el arte no es partícipe de un grado menor de realidad, sino todo lo contrario: en el arte el ser se incrementa”.

José Manuel Cabra de Luna